Aranjuez es una rareza: una ciudad que no creció poco a poco, sino que se diseñó entera. Durante siglos fue un coto real donde solo vivían quienes servían a la Corte. Hacia 1750, con Fernando VI, se permitió a particulares construir casas y el arquitecto Santiago Bonavía trazó un plan general aprobado ese mismo verano: calles anchas y rectas, manzanas regulares, plazas abiertas hacia el palacio y paseos de árboles que salen hacia el campo.
Qué buscar
- La Casa de Caballeros y Oficios, frente al palacio, con su galería de arcos interminable.
- Las calles de la cuadrícula, como la de Stuart, la del Gobernador o la de San Antonio, con fachadas de ladrillo y piedra.
- Las corralas, edificios de vecinos con galerías de madera alrededor de un patio.
- El Mercado de Abastos, de hierro y ladrillo, en la Plaza de la Constitución.
- El Teatro Real Carlos III y la Plaza de Toros, del siglo XVIII.
Paseos con mapa
El Ayuntamiento publica diez rutas a pie con mapa descargable: la Ciudad Cortesana, la de los Miradores, la de Palacios y Templos, la del Raso de la Estrella o la de las Doce Calles, entre otras. Son la mejor forma de ver la ciudad con ojos de urbanista del XVIII.
Lo que pocos te cuentan
- Hasta mediados del siglo XVIII, aquí no podía vivir nadie que no sirviera a la Corte. Cuando se levantaron las restricciones, Santiago Bonavía trazó una ciudad nueva de una vez: por eso parece dibujada con regla.
- Mira los patios: las corralas, casas de vecinos con galerías de madera alrededor de un patio, son una de las señas de identidad de Aranjuez.
- La galería de la Casa de Caballeros y Oficios es tan larga que, a primera hora, parece no tener final. Es la foto de perspectiva por excelencia.
- El Mercado de Abastos, en la Plaza de la Constitución, es el sitio para comprar fresas y espárragos en temporada.


Fuentes y enlaces oficiales
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